‘FIRES (FAYAS)’. #46zeronou 16/03/2018 Urban VLC

Escrito el 16. Mar, 2018 por en Blog

imageCuenta la leyenda que de siempre hemos sido muy amantes del fuego, y que en cualquier ocasión prendíamos la mecha. Me explica mi compañero Lluís Nadal que antes de acuñar la expresión ‘’Això ho pague jo!”, se decía “Això ho creme jo!”, y resulta evidente que lo primero es fruto de lo segundo.

Se dice también que un duque inglés, Artemious Doubtfire, que venía a comprar ‘pansa’ a Dénia, viendo la profusión de esta sana afición, exclamaba encantado ‘’Fires, fires!’’ y a los lugareños les entraban más ganas de hacer ‘’fires’’, pero ellos lo pronunciaban a su manera, más o menos sonaba ‘’fayas’’.

Estos rumores pueden ser inciertos y jamás se comprobaron, pero un buen día el inglés se marchó para no volver y aquí se quedó la expresión de  las ‘’fayas’’, que con el paso del tiempo crecieron en estructura y artificio hasta que a un irlandés, un tal Joseph Guinness, muy amigo del gremio de carpinteros, se le ocurrió agruparlas en el día de su santo para hacer una competición y, de paso, promocionar su cerveza.

Y así fue poco más o menos cómo me contaban que pudo ser el origen de nuestros populares monumentos de cartón piedra que cada año quemamos al compás de la música, la pólvora, la algarabía general y, por supuesto, la cerveseta.

Pero también hay que poner en valor la aportación del alemán Wolfgang Ptard, un ingeniero de minas que anduvo por Valencia, que pensó acompañar los fuegos con pequeños explosivos con mecha (piuletes) o para reventar contra suelo o paredes (trons de bac). Años después llegaron las tapas, creación en origen del vasco Txema Tapasizaguirresarobe, casado con una valenciana, quien popularizó en nuestros bares los tradicionales pintxos.

Otro que pasó por la terreta, y por otros muchos porque nunca se detenía en ninguno, fue Johnnie Walker​, un escocés errante amante del buen whiskey. Pero sin lugar a dudas, quien más impronta dejó aquí fue Mikis Paelladopoulos, un heleno inquieto amigo del Sangonereta del Palmar: entre los dos se las aviaron para dar forma a una sartén enorme a la que ponían arroz y mucha agua, añadiendo las hortalizas y carnes que tenían más a mano. De ahí al célebre plato valenciano todo fue coser y cantar.

Otra historia que circula es que la Cotorra del Mercat sirvió a J.K. Rowlings para fabricar alguna que otra escena en las sucesivas entregas de Harry Potter, como el célebre andén del 8 ½ inspirado en el ’dau’ mientras asistía a una partida de raspall en el Trinquet de Pelayo, pero no me quiero extender.

Visto lo visto, la influencia del inglés sobre el valenciano es evidente y no me extrañaría que a alguien se le ocurriera hermanar Valencia con Londres, y de paso crear una lengua puente que bien nos valdría para mitigar polémicas en las aulas. En fin, que cualquier parecido con la realidad…

Foto: JCF