‘LA VIDA ES UN ‘DRACMA’. #46zeronou 18/05/2018 Urban VLC

Escrito el 18. May, 2018 por en Blog

Captura 2Parafraseando a un buen amigo de la escena: ‘’¡Cómo me gusta el Giacomo Puccini!’’.  La ‘Tosca’ que podemos ver en el Palau de les Arts te hace sentir el intenso drama que maneja al amor como moneda de cambio en la Roma de los Papas, en una ciudad asediada por las tropas de Napoleón.

Cómo no me ha podido gustar más esta versión dirigida musicalmente por Nicola Luisotti que te transporta al momento mismo de la realidad aquella. Esperemos que este sea el preámbulo del ‘Julio César’ de Romeo Castelluci, mi próxima cita cultural en el Monasterio de Sant Miquel dels Reis.

Corría el año 1800, cuando Cesare Angelotti, fugado del Castillo de Sant’Angelo donde estaba prisionero consigue llegar muy fatigado hasta la iglesia de Sant’Andrea della Valle, lugar donde se oculta en la capilla familiar de los Attavanti.

Así da comienzo el dramón de esta maravillosa ópera cuya música embelesa, la puesta en escena en el Palau de les Arts entusiasma y, de los 5, 4 sentidos se vuelven todos uno haciendo que tus lágrimas broten de la emoción embargante de tan bella puesta en escena.

Ahora bien, seguir el libreto es otro cantar, y así la ‘bella sirena’ Tosca, encarnada por la magnífica soprano Lianna Haroutounian, enamorada del pintor Cavaradossi, interpretado por el fantástico Alfred Kim, te crea un auténtico dilema. ¿Era la época la que no daba para más o realmente la inteligencia también puede mejorar al igual que la raza? 

Porque aunque el drama está vigente –los celos nunca pasarán de moda-, no se puede ser tan ‘inocente’. Todos, menos ella, saben lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir, sin embargo su actuación es tan dramática que el malvado Scarpia se vuelve un personaje menor ante tal potencia de sirena hecha mujer.

Como todos ya os sabéis el final, ella pierde la vida, porque sin ese dramatismo no sería una obra de Puccini, que a su vez sirve de excusa al regreso de Davide Livermore, una pieza en la que asume todo el peso de la dirección artística y escénica, y a lo que sumamos el hecho de que la construcción de los decorados de esta imponente puesta en escena –como todo lo que hacen- es obra de la firma valenciana Neo Escenografía, con Josep Simó a la cabeza. Hechos que consiguieron me reconciliase con un Palau tan abrumador, que tan buenos momentos nos ha dado a Valencia, pero que, como en todo, la gestión tan malparada y vapuleada de sus predecesores…

Simó es, posiblemente, una de esas personas que pasan desapercibidas del oropel, pero que tanto aman su profesión que la ha convertido en indispensable para los mejores teatros del mundo. Llámenme exagerado, pero si hubiera que reproducir una nueva versión de El nacimiento de una nación de D. W. Griffith, sin duda habría que llamarle a él.

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