‘VALENCIA INSIDE OUT’. #46zeronou 03/11/2017 Urban VLC

Escrito el 03. Nov, 2017 por en Blog

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Cambiar de rutina puede suponer un aliciente. Cambiar de horno o de frutera se puede hacer de la noche a la mañana, pero de casa…. ¡ay, ahí nos duele!. Los cuadros (de autor), los muebles (de diseño), los electrodomésticos (de marca), la cocina (premium), todo puede cambiar a mejor, incluso las deficiencias se pueden subsanar. Pero intangibles como los vecinos o el paisaje externo, eso es cuestión de armarse de paciencia. Y de la acústica, ni hablemos. Y más si te trasladas al centre històric.

Vivimos de cara al turismo rescatador de primas de riesgo y aumentadores del Ibex, y somos conscientes de que en nuestra tierra levantina se puede vivir las 24 horas, como un ‘drugstore’ de esos de mi juventud que sabían a recalentado, y por eso sabemos que ‘’todo puede ir a peor’’.

Antes había mucha suciedad, griterío nocturno, locales incontrolados, tráfico inaudito, gente de botella, de got y hasta alguno de ganivet.

Con las actuales políticas, todo ha cambiado. Incluso la movilidad (guiño de ojo), y es verdad. También es verdad que la suciedad se baldea y escombra a diario, pero se ensucia dos veces más. Que el griterío se controla hasta una hora prudente… en el exterior (que con el cambio de horario no deja de ser molesto incluso a las ocho de la tarde). Pero también es cierto que nadie tutela los patios interiores y con el aumento de la actividad en los locales de copas, que dan también de comer, han aumentado las cocinas interiores y la algarabía en los patios interiores alcanza y rebasa la madrugà.

Si a ello, le unimos que muchos de los piso superiores se han convertido en apartamentos turísticos de gente que viene a pasárselo pipa en la Valencia (low-cost), las fiestas interiores aumentan, los efluvios suben y se mezclan con la marcha de los pisos superiores, el ambiente se enrarece y acaba en un continuum festero de corrala.

Sí, todo se ha controlado más, pero aparecen nuevos hábitos. Se han cerrado calles, restringido el tráfico…, pero ¿quién iba a pensar que tanta bicicleta a contradirección, a su antojo o inventando nuevas sendas no crearía ningún peligro?

Anécdota vivida por un servidor: accedes al Carme por uno de los llamados ‘bucles de Grezzi’ para entrar en tu garaje; te pilla un paso cebra con 50 turistas detrás de una banderita y te paras, y te paras, y te paras, porque la última de las familias turistas paseantes se está haciendo un bocata de chopper, eso sí, made in Mercat Central de València. Sacas la cabeza por la ventanilla y les pides en tu humilde italiano que si se può passare, prego? Se monta la de dios, optas por pedir perdón (prego) para que se lleven un buen recuerdo de Valencia, abandonas el coche, y mirando al cielo te preguntas: ¿podría echarme atrás y deshacer el cambio de casa?